El halcón en la lluvia, Ted Hughes.

Me ahogo en el sonido del arado, me arrastro
paso a paso desde la boca de la tierra,
desde la arcilla que agarra cada uno de mis tobillos
con el hábito de la terca tumba, pero el halcón

sin esfuerzo pende su ojo quieto en la altura.
Sus alas sujetan toda la creación en un silencio sin peso,
seguras como una alucinación en el aire húmedo.
Mientras el viento estrepitoso mata las tercas setas,

hunde mis ojos, lanza mi aliento, golpea mi corazón,
y la lluvia corta mi cabeza desde el hueso, el halcón cuelga
la punta de diamante que es la estrella polar sobre
la resistencia del ahogo marino: y yo,

sangrante agarrado en el último momento
mordido por boca de la Tierra, en un esfuerzo hacia el maestro-
fulcro de la violencia donde el halcón se cuelga inmóvil,
que quizás en su momento conoció el clima

viniendo del lugar equivocado, sufre el aire, arrojado al revés,
cae de su ojo, la poderosa carga se estrella contra él,
el horizonte lo atrapa; el redondo ojo angelical
destrozado, mezcla la sangre de su corazón con las ciénagas de la tierra.

Aparece en su idioma original aquí.

 

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