Paciencia, D. H. Lawrence.

Viene un viento desde el norte
soplando pequeñas bandadas de pájaros
como rocío sobre la ciudad,
y un tren, rugiendo a lo lejos,
corre en estampida
con aullidos y cuajos flotantes
de vapor, desde el norte oscurecido.
Hacia donde me giro y permanezco
como una aguja inalterable,
esperando alguna vez tener
la noticia de que ella es libre;
pero está clavada, hasta ahora,
a la veta de su agonía.

 

Encuentra el original aquí.

 

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Las aves blancas, W. B. Yeats.

¡Desearía que fuéramos, mi amada, aves blancas en la espuma del mar!
nos cansamos de la llama del meteoro, antes de que se desvanezca y huya,
y la llama de la estrella azul del crepúsculo, colgada a lo largo de la orilla del cielo,
ha despertado en nuestros corazones, mi amada, una tristeza que puede que no muera.

Un cansancio proviene de esos soñadores, la lila y rosa, empapadas de rocío,
ah, un sueño que no es suyo, mi amada, la llama del meteoro que sigue,
o la llama de la estrella azul que yace colgada bajo en la caída de las gotas de rocío:
porque desearía que nos hubiéramos transformado en aves blancas en la espuma errante: ¡tú y yo!

Soy asediado por innumerables islas, y muchas de la costa de Danaan,
donde el Tiempo seguramente nos olvidaría, y la tristeza no se acercaría más,
pronto lejos de la rosa y la lila, e inquietos por las llamas estaríamos,
¡sólo seamos aves blancas, mi amada, flotando en la espuma del mar!

 

Encuéntralo en su idioma original aquí.

Azulejo, Charles Bukowski.

Hay un azulejo en mi corazón que
quiere salir
pero soy demasiado fuerte para él,
digo, quédate ahí, no voy
a dejar que nadie
te vea.

Hay un azulejo en mi corazón que
quiere salir
pero vierto whisky en él e inhalo
humo de cigarrillo
y las putas y los bartenders
y los vendedores de las tiendas
nunca sabrán que
él está
ahí.

hay un azulejo en mi corazón que
quiere salir
pero soy muy fuerte para él
digo,
quédate, ¿quieres echármelo
todo a perder?
¿quieres cagar las obras?
¿quieres arruinar las ventas de mis libros en
Europa?

hay un azulejo en mi corazón que
quiere salir
pero soy muy inteligente, sólo lo dejo salir
a veces en las noches
cuando todos están durmiendo.
Digo, sé que estás ahí,
entonces, no estés
triste.
entonces lo entro de vuelta,
pero él está cantando un poco
ahí, no lo he dejado
morir
y dormimos juntos como
con nuestro
pacto secreto
y es bastante bueno como para
hacer a un hombre
llorar, ¿lo
haces?

Encuéntralo en su idioma original aquí.

El halcón en la lluvia, Ted Hughes.

Me ahogo en el sonido del arado, me arrastro
paso a paso desde la boca de la tierra,
desde la arcilla que agarra cada uno de mis tobillos
con el hábito de la terca tumba, pero el halcón

sin esfuerzo pende su ojo quieto en la altura.
Sus alas sujetan toda la creación en un silencio sin peso,
seguras como una alucinación en el aire húmedo.
Mientras el viento estrepitoso mata las tercas setas,

hunde mis ojos, lanza mi aliento, golpea mi corazón,
y la lluvia corta mi cabeza desde el hueso, el halcón cuelga
la punta de diamante que es la estrella polar sobre
la resistencia del ahogo marino: y yo,

sangrante agarrado en el último momento
mordido por boca de la Tierra, en un esfuerzo hacia el maestro-
fulcro de la violencia donde el halcón se cuelga inmóvil,
que quizás en su momento conoció el clima

viniendo del lugar equivocado, sufre el aire, arrojado al revés,
cae de su ojo, la poderosa carga se estrella contra él,
el horizonte lo atrapa; el redondo ojo angelical
destrozado, mezcla la sangre de su corazón con las ciénagas de la tierra.

Aparece en su idioma original aquí.

 

En vuelo, Jennifer K. Sweeney.

La leyenda de los Himalayas dice
que hay hermosas aves blancas
que viven completamente en vuelo.
Nacen en el aire,

deben aprender a volar antes de caer
y morir también en su vuelo.
Quizás tienes que haber nacido
en el tipo de vida

que se desmorona.
Quizás la gravedad te reclama
y te sientes
como un fantasma.

Para los que viven en la caída,
el cielo debajo el cielo de todos.

 

Encuentra la versión original aquí.

La esperanza es esa cosa con plumas, Emily Dickinson.

La esperanza es esa cosa con plumas
que se posa en el alma,
y entona su melodía sin palabras,
y nunca se detiene del todo,

y la más dulce se escucha en el temporal;
y dolorosa debe ser la tormenta
que pueda abatir a la avecilla
que a muchos mantuvo tibios.

La he escuchado en la tierra más fría,
y en mar más extraño;
aunque, nunca, en el extremo,
me ha pedido alguna migaja.

Encuentra la versión original aquí.